sábado, 20 de septiembre de 2008

Un Caminito De Arte

He visitado varias, aunque no muchas, exposiciones de índoles distintas: de ropa, libros, comidas, vinos, etc., pero nunca me tocó participar de una exposición de pinturas.

Cuando surgió la idea de visitar la muestra de Celia Güichal, me puse a investigar de qué se trataba, en qué se basan sus pinturas, dónde estaba ubicada la exhibición para no llegar sin saber absolutamente nada.

Para el día de mi cumpleaños, decidí hacer algo distinto, así que empecé a prepararme para salir hacia el barrio de La Boca, barrio que hace 8 largos años no visitaba. Me ubiqué en el mapa para saber en qué lugar debía bajarme del colectivo y hacia dónde debía caminar, pero estaba más que segura de que distinguiría rápidamente el destino. “El conventillo verde” era el lugar de la cita con las pinturas de Celia y la muestra “Paisaje Interno, Paisaje Externo”.

Llegué a Caminito, había olvidado lo hermoso que era este lugar, los colores, la música característica de nuestra ciudad, el merchandising, pero sobre todo LOS TURISTAS. Me fascinaba ver cómo, todos y cada uno de ellos, disfrutaban plenamente de la calle de colores y música, algo puede ser más que rutinario para los vecinos del lugar. YO me dediqué a comportarme como una turista más, saqué mi cámara y empecé a observar cada detalle.

Finalmente, después de chusmear lo que se presentaba sobre la calle más famosa del barrio de La Boca, llegué a “El conventillo verde” y por supuesto, este nombre hacía honor a lo que realmente era en sus primeras épocas. Ya restaurado y sin perder las características básicas de un conventillo, no sólo alberga las obras de Güichal desde el sábado 19 de abril hasta el domingo 11 de mayo de 2008, sino también las de otros autores y artistas que presentan sus trabajos en dicho lugar.

El lugar no sólo estaba adornado con las obras de arte, sino también por la música que acompañaba de una manera peculiar la visita. Realmente no logré descubrir de quién era esta música, pero era sumamente propicio para el momento. Poco después me enteré por una de mis compañeras de la facultad que era la música de RUSSILL PAUL, un músico Hindú dedicado a realizar melodías especiales para utilizar de manera terapéutica o para el Yoga.

Luego de observar detenidamente todas las obras, volví a empezar de cero la visita para centrar mi atención en algunas que me habían llamado más la atención, aunque todas son dignas de ver. La primera, titulada Vértigo en Maimara, se podía apreciar un hermoso y colorido paisaje del norte Argentino. La cantidad de colores y la variedad de los mismos, nos llevan a distinguir montañas con algunos picos nevados, un fuerte color celeste; quizás un turquesa; que marca una suerte de río que deja ver la silueta de una mujer como si ésta cayera por la pendiente de la montaña llegando a un valle reflejado por muchos colores con un pequeño pueblito en uno de sus costados. Éste, junto a otras pinturas del lugar, hace referencia a lo que es el Norte Argentino, la inmensidad y la belleza de la naturaleza.

En otro sector, me encontré con algo más personal, más interior por decirlo de alguna manera. La segunda obra que me llamó la atención es titulada por Güichal como Rostro del tiempo y se puede ver en ella, con colores brillantes y llamativos, el rostro de un hombre y de su cabeza se desprende un rostro más pequeño, como si fuese la imagen representativa del pensamiento de este hombre y todo esto a su vez rodeado por tres colores que llaman aún más la atención del visitante.

Finalmente, un poco más allá, me encontré con la obra Árbol de la memoria. En esta pintura se podía apreciar la imagen de un árbol situado en el centro con las tonalidades del azul y celeste, la copa del mismo estaba formada, no por hojas sino por lo que pareciera ojos en la gama de los rojizos. A los lados del tronco de este árbol, se distinguían un par de ojos, como si el árbol estuviese en el ceño de una persona, y de uno de sus ojos se desprendía una línea, quizás simulando una lágrima.

Las tres obras me llamaron mucho la atención, pero impactó de manera fuerte en mi corazón Árbol de la memoria, ya que en más de una oportunidad, estuve en ese árbol, recordando, mirando hacia atrás, extrañando, amando y ese sentimiento volvió a mi en ese mismo instante. Comencé a recordar amigos, familia, a aquellos que ya no están, en fin, instalándome por un ratito en “mi” árbol de la memoria.

Celia Güichal se encargó de una manera extraordinaria de expresar su visión acerca del paisaje externo como lo es el norte de nuestro país, y de exteriorizar sus sueños, pensamientos y creaciones en las maravillosas pinturas como el paisaje interno.

Realmente es una experiencia para activar absolutamente todos nuestros sentidos, para mirar hacia adentro y mirar hacia fuera, para disfrutar, compartir, para volver a vivir, para VOLVER A SENTIR.



domingo, 25 de mayo de 2008

Por primera vez en el BAFICI.

Cuesta imaginar un mejor momento para ir al cine. Esa noche el clima era ideal, el intenso frío que la calle prometía obligaba a dar la espalda a la puerta y a observar, todo lo que se pudiera, el inmenso espacio y la decoración que ofrece habitualmente el shopping del Abasto.
Desde el día 8 al 20 de abril de 2008, el lugar se convierte en una de las sedes del Festival internacional de cine independiente organizado por el Ministerio de Cultura del Gobierno de
la Ciudad
de Buenos Aires. El BAFICI se ha llevado a cabo durante los últimos diez años, y su popularidad ha ido creciendo en las últimas ediciones.
Lo primero que llama la atención es la predominancia en el lugar de un público joven, cuyas edades abarcan desde los
20 a
los 30 ó 35 años aproximadamente. La mayoría parece pertenecer al ambiente estudiantil, lo cual puede apreciarse al oír sus diálogos comentando acerca de los temas específicos de cada película o más aún, emitiendo críticas propias de un estudiante de cine o disciplinas afines. En una de las breves conversaciones que escuché, dos chicas discutían acerca de la conveniencia de ir a ver determinado film. Una de ellas acabó convenciendo a la otra de que fueran a disfrutar de otra película, ya que un tercero (aparentemente relacionado con el mundo de la producción de cortos), había opinado sobre el material negativamente. Finalmente las jóvenes se decidieron por otra película.
Esto me llevó a meditar acerca de los motivos por los cuales estas personas asisten a este tipo de festivales, y noté que la mayor parte de los asistentes van de a dos o en grupo, y en mi caso particular y de estas chicas que acababa de escuchar, asisten gracias a recomendaciones de amigos o compañeros de estudio.
Pasado un rato sin observar nada que me llamara la atención, apareció una de las pocas asistentes que romperían con la ya habitual vista de jóvenes: una señora mayor, de largo cabello blanco sujeto en una trenza perfecta, leía atentamente la revista de distribución gratuita que se publicaba comentando cada día del festival. Su quietud y concentración contrastaban con el constante movimiento de las demás personas, que deambulaban esperando a sus acompañantes o hablando por celular. Una pareja de ancianos pasó por su lado y de repente mi atención cayó sobre ellos; constituían el segundo caso que se diferenciaba del público joven y caminaban del brazo lentamente, riendo.
Unos diez minutos después, y con las preguntas que había elaborado en mi cabeza, me acerqué a una chica y empezamos a conversar.
Romina tiene 21 años y hace dos que asiste al BAFICI. Me contó que su preferencia son los documentales, específicamente los que tienen como temática alguna relación con el mundo de la música. En el año 2007 vio el llamado “Punk’s not dead”, dirigido por Susan Dynner y que repasa los treinta años del movimiento punk. La elección de Romina se debe a que ella misma hace música, por lo que en esos eventos tiene la oportunidad de observar de manera crítica.
Este año 2008, en el BAFICI número diez, tuvo la oportunidad de disfrutar del documental sobre Glastonbury, de
Julien Temple, que narra acerca del famoso Festival de música pop-rock en el que estuvieron presentes bandas como Coldplay, Oasis, Morrisey, Pulp, artistas como Björk, entre otros.
Antes de irse hablamos acerca del tipo de personas que asisten a lugares como el festival de cine independiente, y me comentó: “Hay mucha juventud, mucho pseudos hippie y también pseudos yuppies”. Agradecí su buena disposición y me despedí, justo cuando llegó el momento de entrar a ver la película que había elegido, “Interkosmos”, del director norteamericano Jim Finn.
Presentado en entrevistas como “un estadounidense que hace falsos documentales centrados en la izquierda planetaria”,
lo que me dejó la obra de este director fue admiración por la manera en que aprovechó pequeños recursos para expresar algo importante como es su opinión acerca de la Guerra Fría, pero sobre todo por su sentido de la ironía y el humor, que son las principales características de su film. Todo eso acompañado además por una muy elaborada banda sonora.

Interrumpido por un breve corte de luz en la mitad de la película, mi momento en el BAFICI fue muy agradable, distinto; hasta tal punto de que llegué a plantearme asistir en las próximas ediciones. Seguramente será con más tiempo y armada con una grilla y obras ya seleccionadas con anterioridad, plan que es muy frecuente entre los asistentes más antiguos del Festival.

martes, 20 de mayo de 2008

Mis queridos!

¡Buenas buenas! Bienvenidos/as. Espero se sientan a gusto, son libres de chusmear (y más que nada criticar) los frutos de nuestro (supremo) esfuerzo. ¡Nos encontramos acá mismo, en el placer de la escritura!
:::Anahí, Vanina, Cecilia y Natalia:::